Amar a los demás

Se preguntarán, por qué este título y tiene un sentido.
En la década del 80, con el regreso de la democracia, había muchas heridas por sanar y nuestra escuela, lejos de cualquier bandería política, siempre sostuvo y apostó por los valores humanos.
Esa sí que dentro de su staff docente se contaba con aquellos que comulgaron con esos principios no solo desde el decir, sino desde el hacer.
Los grados superiores, como se les llamaba, tenían maestros formados en todo sentido y dentro de ellos Susana Alfonso, María Esther Poncet y Nora Scigolini., conformaron un trío con sustento pedagógico pocas veces superado.
Fueron creativas, dedicadas, con ideales claros y por sobre todo tenaces en lo que se proponían.
Pudieron llevar adelante experiencias tales como la radio de Wilde, recibir autores de libros, generar actividades que fuesen motivadoras, creadas por ellas mismas o adaptadas, torneos matemáticos, actos escolares con verdadero contenido académico, preparar fiestas de la familia o ferias de Ciencias inolvidables incluyendo a toda la comunidad educativa generando una gran comunión hogar-escuela donde cada uno aportaba lo propio.
El tiempo pasa y con él la vida misma, cada una de las mencionadas tomó su camino habiendo dejado huella.
En esas huellas hoy marca su punto de partida nuestra querida Nora que ya no estará entre nosotros físicamente pero que mantuvo aún lejos de la escuela contacto con sus queridos alumnos.
Enamorada de ellos, de sus nietos, de su familia, a la que aportó y brindó todo lo que pudo sin dejar nunca de hacer docencia.
Tuve la suerte de compartir mucho de su labor y buena parte de su vida, hasta hicimos juntas un seminario a Grecia sobre cultura Helénica.
Y el título de este escrito viene a cuento porque al intercambiar los regalos para mi cumpleaños en mayo o el de ella en enero, elegíamos libros.
Fue en 1989 que me obsequió Amar a los demás de Leo Buscaglia al abrirlo encontré una frase que nunca dejó de estar presente en mis otros escritos y en la que creo fervientemente: “Cada uno de nosotros es un ángel con una sola ala. Y sólo podemos volar si nos abrazamos unos a otros.”. Es así que ese Ángel supo unirse a otros y hoy lo seguirá haciendo desde el plano en que se encuentre y como siempre lo hizo desde el rol que le tocó asumir.
La despido con toda la nostalgia y a su vez con el placer de haberla conocido, es a través de estas líneas que deseo mucha paz para ella y fortaleza para sus seres queridos..

Norma Castrelo
Colegio Kennedy